viernes, 30 de septiembre de 2011

NEURONA SEXUAL 1

EL MIRÓN

Alberto cerró la puerta del bar una noche más, un poco antes de lo habitual, ya que desde comenzó la crisis económica, el negocio que llevaba dirigiendo desde hace casi cinco años habia disminuido sus ventas casi a la mitad.

Eran casi las tres de la madrugada y se dirigía de camino hacia la casa que compartía con su mujer, su suegra y la hermana de su mujer. Estaba  deseando llegar, porque tenía la espersanza de que una vez más, un sabado de madrugada más, volviera a pasar lo mismo que llevaba sucediendo durante los tres últimos fines de semana. -Con un poco de suerte Cristina ya esté dormida. Pensó mientras entraba en el porche de su chalet adosado de ladrillos rojizos.

Alberto y Cristina, su esposa, se vieron en la obligación de acoger a Eugenia y a Sofía, madre y hermana de Cristina, cuando el banco les embargó su hogar por causas que precisamente ahora no vienen a cuento.

Eugenia, la madre de Cristina, era la típica suegra cotilla, entrometida e insoportable, tanto que la persona que dio a conocer el estereotipo de suegra, se basó en ella para redactar los rasgos que debe tener una suegra para que sea considerada como tal. Aunque ya, a sus sesenta y nueve años estaba deteriorada por el alzheimer y a penas salia de su cama. se debatía entre la vida y la muerte.

Sofía la hermana pequeña de Cristina, era un clon, una copia mejorada de Cristina. Era graciosa, inteligente y preciosa, lo único que la diferenciaba de Cristina ere su melena rubia y y su frenética pasión por el sexo, tanto era así, que Alberto en ocasiones piensa que debería visitar a un sexólogo para que le trataran de frenar sus impusos sexuales.Él pensaba que era ninfómana, y en ella precisamente estaba pensando cuando abrió la puerta de su lujoso chalet.

El silencio de la casa era sepulcral. Avanzó hacia la planta de arriba donde se encontraban las habitaciones, cruzó el pasillo nervioso, como un gorrión al comer pan en medio de una plaza llena de gente. La puerta de Eugenia estaba cerrada como de costumbre, pasó por delante sigiloso asta llegar al dormitorio donde él y Cristinan dormían cada noche, que al igual que el anterior tenia la puerta cerrada, señal inequívoca de que Cristina dormía. Continuó caminando mientras el silencio se reducia por un leve chirrido casi inaudible que provenía de la habitación de Sofía, se acerco a la puerta que estaba entreabierta, se bajó la cremallera del pantalón muy lentamente y se quedó observando lo que sucedía dentro de la habitación

- ¡Estupendo! Exclamó en su pensamiento. -Estoy de suerte. Volvió a pensar.

Desde su posición alcanzaba a ver la cama de Sofía, donde se divisaba a la perfección la espalda de un chico de no más de treinta años, que de rodillas sobre la cama empujaba con su cintura a la rubia colocada a cuatro patas que se hallaba delante de él.

El pelo rubio de Sofía se balanceaba y sus pechos rosados se agitaban vertiginosamente con cada golpe de pelvis que el chico le propinaba. Un leve gemido se podía oír cada vez que la polla de jovenzuelo penetraba, y Alberto comenzó a empalmarse al ver tan morbosa escena desde la oscuridad del pasillo.

El sexo dentro de la habitación cada vez era más agresivo, ya se podía escuchar el golpear del los cachetes colorados del culo de Sofia contra la pelvis del entusiasmado muchacho. Los jadeos cada vez eran más fuertes.

Alberto, con la cabeza apoyada en el quicio de la puerta, comenzó a masturbarse mientras observaba como  el chico se inclinaba hacia delante y apretaba las tersas ubres de su amante con una mano y agarraba con violencia la melena rubia.

Era la tercera semana consecutiva que Alberto acudía a espiar a oscuras el espectáculo sexual que su cuñada le ofrecía, y cada semana la función tenia un protagonista masculino diferente.

El follador nocturno que esa noche tenía la fortuna de copular con la joven ninfómana, empujó a la chica de bruces hacia la cama, y se tiró al lado de ella espatarrado con su enorme polla apuntando desafiante hacia el techo de la habitación. Acto se guido ella se deslizó hacia la parte trasera de la cama, colocando su cabeza a la altura del pene erecto y comenzó a succionarlo repetidas veces a gran velocidad, la chica sentía como el prepucio hinchado y el resto del pene penetraba asta su garganta y después de catorce o quince absorciones notó que su compañero de cama expulsaba un poco de liquido seminal muy débilmente y con poco sabor, seguramente se trataba de "agüilla".

Soltó la manivela reproductora y se colocó de cuclillas sobre la cintura del joven,  pasó su delicada mano por detrás de su culo y sujetó la polla erguida y la introdujo en su rasurado coño comenzando botar sobre el.
Alberto acelero el ritmo, de su mano al masturbarse, el sudor le corría por la frente, la cabeza de su polla entraba y salía de la fina cobertura de pellejo, su mano casi ni se podía ver debido a la velocidad, la puerta frente a él se empañaba de vaho, estaba a punto de correrse, cosa que sucedió de inmediato cuando escucho a Sofía gritar en silencio, con el sonido de fluidos corporales burbujeando como ambientación.

El semen salió de pene de Alberto casi sin avisar y se estrelló en la puerta y goteaba hasta el suelo, sacó un pañuelo de su bolsillo y lo recogió todo sin dejar rastro, guardó su polla mientras se dirigía a su habitación pensando en lo bien que se lo había pasado viendo follar a su cuñada. Mientras posaba su culo en la cama de matrimonio que se encontraba en la mas absoluta de las penumbras unas dudas asaltaron su mente.
-¿que hacía Sofia en casa? esta mañana me dijo que no vendría a dormir puesto que se quedaba en casa de su mejor amiga, ¿se habrán peleado y decidió follar para olvidar?- rapiamente dejó de pensar y se tumbó buscando el pelo de Cristina, ya que si no se lo tocaba no conseguía dormir, pero la búsqueda fue en vano ya que su mujer no estaba en la cama.

A paso ligero salto de su cama camino de la habitación de Sofía se asomó al la ranura de la puerta entreabierta y pudo ver a Cristina  de pie subiéndose el pantalón del pijama, con su larga melena negra  completamente teñida de un color rubio platino sonriendo al chico con el que le había puesto los cuernos a su marido.









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